ORIENTANDO QUE ES GERUNDIO

Sentirse desorientado es el primer paso hacia el crecimiento.
La vida es eso, un camino..
¿y quién no se pierde alguna vez?
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sábado, 7 de marzo de 2015

Déjà vu: LOS TRASTORNOS GRAVES DE CONDUCTA:CAPÍTULO II

En enero de 2011 escribí este post:

Tras la ventana de cristal pude ver como lo contenían, un alumno de tan solo 9 años, fuera de sí, con los ojos vueltos, la expresión de su cara le desfiguraba sus facciones, patadas al suelo, retorcimientos, un maestro que le doblaba en peso y cuerpo, me sorprende la fuerza que tiene el chaval.
Los problemas conductuales y de agresividad casi siempre tendemos a relacionarlos con familias desestructuradas, o con un mal estilo educativo, pero este episodio tan intenso, te hace pensar que hay bastante de orgánico en el asunto. El alumno sufre de epilepsia y tiene una lesión cerebral en el lóbulo parietal derecho.
El contacto con el suelo, todo su cuerpo aplacado entre este y el maestro, hace casi milagrosamente que poco a poco se vaya tranquilizando, el propio latido de su corazón a cien lo va calmando como un mantra.
La contención física no es una práctica muy común en los colegios, pero en este centro a falta de respuestas y recursos por parte de la Delegación de Educación, los maestros se han hecho valientes y por el bien del alumno y de los demás han decidido llevarla a cabo. Han creado un aula de de-privación estimular y cuando surgen las crisis de agresividad severas, allí lo llevan bajo autorización de su familia.
Un día antes de las vacaciones de navidad, un nuevo episodio ocurre, esta vez contra una maestra porque le dice que hay que esperar turnos para coger un bate de béisbol de gomaespuma, de repente el click se da y el alumno se transforma. Empieza a agredir a la maestra de una forma descontrolada delante de todos sus compañeros, la maestra termina con lesiones físicas y psíquicas.
A la vuelta de la vacaciones tenemos un encuentro con el alumno y la madre, ha estado castigado todas la vacaciones y estará expulsado del centro por unos días. Me siento a su lado, y me pongo a charlar con él, su discurso roza lo delirante, y una sola idea le sigue rondando por su cabeza de una forma obsesiva,
-cuando vea a la maestra yo le voy a pegar.

La maestra que se había cargado de valor para volver a su trabajo con las mismas energías con las que comenzó el curso, se entera del episodio y se desmorona.

La situación desborda el quehacer de un centro educativo, las intervenciones y medidas que este alumno necesita están más allá de lo que le puede dar el centro, el maestro y un Equipo de Orientación, por lo menos hoy por hoy.
Se pide ayuda y recursos a la delegación de educación y esta solo sabe lavarse las manos intentando hacer sentir culpables a los profesionales que día a día se dejan el pellejo en la educación de los más pequeños.
La nueva filosofía de la Consejería de Educación para dar respuesta a la diversidad es la inclusión,  apuesta por una escuela que acoge la diversidad general, sin exclusión alguna, ni por motivos relativos a la discriminación entre distintos tipos de necesidades, ni por motivos relativos a las posibilidades que ofrece la escuela. 
Una filosofía muy loable y deseable que queda muy progresista sobre el papel escrito  pero que exige una profunda reestructuración escolar que debe ser abordada desde una perspectiva institucional, y debe dotar a los centros de los recursos humanos necesarios con la formación pertinente.
Mientras esto no se dé y nos encontremos con una Delegación de Educación que escatima en recursos humanos, echando balones fuera y no importándole la individualidad de cada caso, situaciones como esta seguirán ocurriendo en nuestros centros.
Creo que no se me van a olvidar en un tiempo las caras de cada una de las víctimas de esta situación:
El alumno que necesita de los espacios y profesionales que sepan educarlo y comprenderlo.
Su familia, que se siente desbordada, incomprendida, señalada con el dedo y que no encuentra un lugar para su hijo.
Los maestros que lo dan todo por realizar su trabajo de la mejor manera que saben, y se encuentran sin recursos para afrontar estos temas, además de no sentirse apoyados cuando recurren a pedir ayuda a la Delegación que los gestiona.
El equipo directivo de los centros que los entierran a burocracia para luego no darles las respuestas que necesitan.
Y este Equipo de Orientación que se siente impotente ante estas realidades.

Por último recomendar un libro,  que es de gran ayuda para enfrentarnos a este tipo de alumnado y nos da un nuevo enfoque para comprender y educar a niños crónicamente inflexibles y que se frustran con facilidad:

EL niño insoportable. Ross W. Greene. Ediciones Médici. Barcelona 2004

Pasado ese episodio, la delegación mandó un monitor para el alumno y con las respuestas adecuadas (éxito total el mantenimiento de su tutora, vínculo afectivo durante 3 cursos que le calmaba y le frenaba ante colapsos), ésto junto con  la adaptación del contexto, el alumno no volvió a dar ni un episodio más de esta índole.  
Lo habíamos conseguido, y volvimos a creer que la inclusión con recursos es posible más allá de cualquier discapacidad.
Llegó el momento de las despedidas, pasaba al instituto, e intentamos que el tránsito de un sitio a otro, fuera de la mejor manera posible, sabíamos los riesgos, pero confiamos que si en el colegio había sido posible porqué no en el instituto, con recursos y buena disposición hay un lugar en el centro ordinario para este tipo de alumnos.

Al instituto pasó, pero parece que a la delegación se le olvidaron los antecedentes y el alumno se escolarizó sin los recursos necesarios…..y…. volvió a ocurrir.
Colapsos unos tras otros, y como si de un  Déjà vu se tratase el viernes pasado me llamaban del Instituto, la misma fecha, casi el mismo incidente, el alumno había pegado a un maestro tras un incidente sin razones para ello.

El instituto lleva pidiendo desde septiembre la figura del monitor, pero no ha habido respuesta, y la respuesta que nos solicitan ahora es la revisión de dictamen extraordinario: un centro de educación especial.
Pero.. ¿este es el lugar para ellos? ¿este es el sitio donde se le va a dar respuesta a sus necesidades? ¿es el lugar donde se terminarán sus colapsos conductuales? O por el contrario será el trampolín para un centro de menores?
Este fin de semana ando con el alma a rastras, intentando recuperar la ilusión en mi profesión…
¿Tan difícil es aplicar lo que promulgan nuestras leyes, con los recursos necesarios?
¿No existe la creatividad suficiente para dar una respuesta a este alumnado?


sábado, 22 de noviembre de 2014

CUESTIÓN DE ACTITUD: EL PEGÓN DE LA CLASE QUE INFLUENCIA A MI NIÑO!!!



           A caído en mis manos este artículo que publica el blog "Una madre de marte", blog que si alguna vez decides por ti sola o solo, tomar la valiente decisión de ADOPTAR a un niño/a, es de obligada lectura.
            Pero éste artículo, no va sobre la adopción, el artículo está escrito por una maestra, y se la dirige a los padres y madres de sus alumnos. El artículo nos hace apartarnos por un momento del egoísmo humano y ver las cosas desde  la generosidad de una maestra, que se deja su pellejo por intentar atender a la diversidad que hoy reina en nuestras aulas. 


Queridos padres:
Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.
Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.
Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.
Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.
Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.
Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.
No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.
No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.
No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.
No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…
No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.
No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.
No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.
De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.
Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.
No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.
No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.
No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.
No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.
No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.
No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.
No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.
El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.
No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.
No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.
No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.
No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.
No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.
No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.
El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:
Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…
No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.
Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.
Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.
Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.
Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.
Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.
Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.
Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.
Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…
Le contaré esto, una y otra vez.
Con mucho cariño,
La maestra.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Soy Erick, y te voy a contar lo que me pasa.. TENGO AUTISMO


Blogeando por la red, he dado con un tesoro que me ha tenido toda la tarde enganchada


un blog de una madre, 
un blog sobre la superación y la implicación,
un blog sobre el entusiasmo de mejorar día a día
y sobre todo
un blog de recursos inmejorables para mejorar la vida de los niños con autismo.

En éste, una carta  escrita por ella en nombre de su hijo, después de haber sufrido la incomprensión de algunos.

Os la dejo íntegro para que lo disfrutéis como yo lo he hecho:



Queridos Padres:
Soy Erik y me gustaría presentarme.
Soy un niño muy feliz, al que le encanta reír, jugar o aprender. Como vosotros, tengo sueños y deseos: disfrutar una vida plena entre las otras personas.
Vengo todos los días a la guardería. Genial que tengamos un grupo de integración. Aquí podemos empezar nuestra educación en el respeto y la tolerancia. Eso me encanta. Me siento fenomenal en la guardería. Me gusta jugar con los otros niños y aprendo muy rápìdo más y más.
Sencillamente es así. Continuar con mi desarrollo. Eso me hace muy feliz. Soy sobre todo un niño como todos los niños. Por eso tengo mis puntos fuertes y mis puntos débiles. Necesito cariño, reconocimiento y elogios.
Me duele cuando escucho comentarios malos sobre mí. Pienso que nadie se los merece. El rechazo hace mucha pupa.
La técnica, construir o los números son geniales. Creo que seré ingeniero, como mi papá. Periodista como mi mamá pienso que no, aunque ya sé leer y escribir todas las letras y muchísimas palabras. Porque yo no soy un tonto.
NI siquiera soy un autista, tengo autismo. Y el autismo de ninguna manera va a ser un problema para mi desarrollo. Soy un luchador, quiero aprender y conseguiré lo mismo que vuestros hijos.
No os preocupéis, ahora explico qué es el Autismo. No hay que tenerle ningún miedo. Nosotros amamos, sentimos, lloramos, disfrutamos, padecemos, nos comunicamos, jugamos… Solamente necesitamos al principio más ayuda, orientación y estructura. Vuestro apoyo ha sido, por eso, muy importante para mí. Muchísimas gracias.


Las personas con autismo tienen problemas con el lenguaje y la comunicación.

Bueno, cuando era pequeñito no podía hablar. Pero ahora incluso hablo dos idiomas. Vuestros hijos están aprendiendo español conmigo, ¿no es fantástico?
Hay que hablar conmigo muy claro, no muy alto, con frases cortitas y siempre de frente. Yo contesto con muchísimo gusto. Conozco muchísimas cosas, que seguro que a vosotros os interesan. Probad a hablar conmigo, ya veréis cómo os encanta.
Con mucha frecuencia puedo decir las cosas que me molestan: algunos ruidos, el jaleo, los movimientos incontrolados, cuando un niño llora o cosas que están rotas. Pero a veces no puedo decirlo porque me pongo nervioso. Sobre todo si alguien me ha tocado la cabeza, cuando mucha gente me quiere estrujar o si me han mordido o pegado. Entonces me cuesta contarlo, y tampoco digo que me quiten el jersey aunque esté sudando o que mis zapatos están al revés.
He descubierto lo bonito que es expresar deseos. Digo qué comida me gusta, cómo me encanta jugar con los niños o qué regalo me pido para mi cumple.
Ya sé que a veces necesito un poquito más de tiempo para entender y contestar, sobre todo si hay mucha gente y todos hablan a la vez.
Me interesan muchas cosas. Por eso pregunto y pregunto. Y siempre les digo a los niños si puedo jugar con ellos. Me pone muy triste cuando me dicen que “no”.
Sí, ahora puedo hablar, pero no entiendo la incomprensión de algunas personas.


Las personas con autismo tienen problemas con la socialización

Las personas hablan sin parar y la vez, hay montones de estímulos alrededor, mi cerebro trabaja mucha información al mismo tiempo y mi percepción es mucho más sensible. Pero yo estoy en este mundo, no en mi mundo. Por cierto, un mundo donde hay cabida para todos. Todos somos iguales, todos somos diferentes.
Hay muchas personas que necesitan ayuda. Pero, ¿sabéis?, yo tengo trillones de ventajas: puedo aprender, y ¡cómo!
Mis papás, mis terapeutas, mis educadoras, los niños y también vosotros, que sois los papás de mis amiguitos de la guardería, me enseñáis. Soy muy aplicado. Por ahora ya he logrado aprender a imitar, a jugar, a comportarme, a emocionarme…
Un gran trabajo. Mi trabajo, aunque sólo soy un niño. Bueno, en realidad ya soy grande, y dentro poco podré tocar el techo con mi mano. Pero mientras no alcance el techo, puedo disfrutar lo que me hace bien y me encanta: JUGAR.
¿A que también les gusta jugar a vuestros hijos? Es genial, y mucho mejor con otros niños que solito. Con vuestros hijos puedo seguir desarrollando mi fantasía, entender más reglas, los chistes o la picardía. Desafortunamente aprenderé también cosas con las que no estoy de acuerdo, como la mentira o a fingir o a acusar a otros.
Pero tengo algo muy claro. De ninguna manera quiero aprender a herir con mis palabras a los demás adrede, ni a insultar ni a rechazar a nadie.


Las personas con autismo mantienen comportamientos repetitivos y les cuesta aceptar los cambios

Vale, yo era así antes. Explico por qué. Como me costaba entender este mundo tan inquieto, necesitaba rutinas y repetir lo conocido, pues eso me daba seguridad.
Así, quería ir siempre por el mismo camino, me gustaban sobre todo los objetos que yo podía manipular (encender y apagar, por ejemplo) o construir cosas en fila y muy ordenadas. El caos y lo nuevo me daban mucho miedo.
Ahora ya no. Cada día descubro que el mundo es una aventura. Yo soy un explorador nato, que siempre debe estar muy bien preparado . Voy a usar una metáfora: mis papás me dan el mapa, la linterna, el equipamiento, las orientaciones, las posibilidades de caminos y el destino. Pero poco a poco voy necesitando conocer el destino y menos equipamiento. ¿La mejor ayuda? Anticiparme qué va a ocurrir.

Espero no haber dicho demasiado, o demasiado poco. ¿Dónde está la frontera? No lo sé muy bien. Aunque yo piense que ya soy grande, en realidad sólo soy un niño con un futuro ancho, sin límites y desconocido. Como el de vuestros hijos.
Nosotros, los niños del mundo, no tenemos problemas al pensar en el futuro, la tolerenca, el respeto, la inclusión, las posibilidades o los derechos. Somos inocentes, es decir, somos niños.
Queridos padres, nuestra vida y futuro están también en vuestras manos.
Erik.




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