Mi padre me enseñó que el mundo es mucho más grande de lo que pueden ver mis ojos, que los problemas no son problemas mientras se les pueda saludar, y cuando me quejaba, entonces me recitaba:
“Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó”
¡Somos! Hermosa iniciativa que os animo a que divulguéis en vuestros centros, ¡dale la vuelta!
¿porqué no?
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